Comienzos

Por separado, pero mediante la palabra de Dios, estuvimos siendo llamados e inquietados por El Espíritu Santo a orar, meditar, hablar y a discipular usando nuestros hogares. Esto es algo que ambas familias (las familias que iniciaron el ministerio) llevamos contemplando por varios años, sometiéndolo a los pies del Señor. También era algo que habíamos estado haciendo por iniciativa propia hace tiempo. No es cosa liviana, tampoco un capricho o una moda, es el resultado de acercarnos a las escrituras con un corazón humillado.

No ganamos nada con esto, aunque, lo ganamos todo, porque solo ganamos el responder a la convocación (llamado) que Dios mismo nos hace y a gozarnos en solo imaginar que Él se complazca con sus siervos inútiles. 

Nosotros nunca hablamos del tema hasta un día específico que nuestras vidas cambiaron mientras compartimos una plática sobre un pasaje bíblico. ¿Cual era el pasaje? Hebreos 5:12 hasta el 6:2:

“Acerca de esto tenemos mucho que decir y difícil de explicar, porque os habéis hecho tardos para oír, porque debiendo ser ya maestros, en razón del tiempo, tenéis necesidad de que alguien os enseñe otra vez los primeros rudimentos de los oráculos de Dios, y habéis venido a ser como los que necesitan leche, y no alimento sólido. Porque todo el que usa de leche, es inexperto en la palabra de justicia, porque es recién nacido; pero el alimento sólido es de los perfectos, de los que por la práctica, tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

Por tanto, dejando los principios elementales de la palabra del Mesías, avancemos a la perfección, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de muertos, y del juicio eterno.”

Haremos esto en obediencia al Señor, que nos manda a hacer discípulos de las naciones y a buscar Su reino y justicia con lo que nos da. 

Vamos con Su autoridad, proferida desde Su mandato, que es un imperativo (Mateo 28). No hacer lo que haremos nos haría desobedientes deliberados. No es que esto sea nada más que un imperativo, también es un desperdicio de dones, talentos y tiempo, algo que no solamente proviene de las parábolas del Señor y de las epístolas, proviene de Génesis 1: 26-29, que se nos demanda a ejercer dominio, a optimizar los recursos que Dios mismo nos da. 

Nuestra meta es glorificar al Señor. Queremos ser luz y sal (como dijo el Señor en el Sermón del Monte) en todo lo que esté a nuestro alcance:

“Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.” -1 Corintios 10:31

Esto incluye el discipulado, el evangelismo, el manejo del dinero, del tiempo (en congregación), la participación integral de nuestros hijos en la reunión, la centralidad de las escrituras, la celebración del ágape y de la Cena del Señor. Queremos seguir a nuestros hermanos que fundaron iglesias, nuestros hermanos de antaño, y a cualquier otro que tenga la misión del Reino. También queremos dejar una guía práctica de todas estas cosas para futuras generaciones, y para la construcción del Reino de Dios en nuestras naciones para discipularlas (Mateo 28). Queremos imitar lo que nuestros hermanos y líderes han imitado del Señor. Si así nos ayuda Dios. Amén.