La iglesia es de naturaleza universal e invisible, no es un lugar, no es una organización, no es una entidad, es una institución creada por Dios, comprada por la sangre de Cristo: “Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Cor. 6:20). La Iglesia son los individuos que conforman el Cuerpo de Cristo (1 Cor. 12: 12-27). La Iglesia es la desposada del Rey de reyes, es quien debe guardar el pacto del Señor. La Iglesia es el pueblo de Dios, no el clero, o la inscripción a una lista de organizaciones. No es abstracta, es la gente que ha sido llamada al rebaño de Cristo, para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó a su luz admirable (1 Pedro 2:9).
A menudo se confunde Iglesia con el concepto de congregación. Esta cita, del libro de teología sistemática de R.J. Rushdoony, describe el problema:
“Hay otro problema, la palabra “iglesia”. Nuestra palabra inglesa viene del adjetivo griego kyriakos, como se usa en kyriakon doma, la casa del Señor. Se refiere a un edificio principalmente, y también a una institución histórica. La palabra griega traducida como iglesia es ekkelesia. En el texto griego de la Septuaginta, ekkelesia se usa esencialmente para la palabra hebrea qahal, la asamblea de los llamados de Dios.
Por lo tanto, la iglesia es algo más que el edificio y la congregación local. El término está más cerca en significado al Reino de Dios. Hace referencia al pueblo llamado de Dios en todo su trabajo conjunto para el Señor. Como resultado, como señaló Bannerman, los antiguos divinos reformados comenzaron sus tratados sobre la doctrina de la iglesia con Apocalipsis 17:14: Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.”
No solamente somos una congregación, somos un ministerio, una comunidad de fe, una sodalidad. Somos representantes del reino de Dios, no tenemos fronteras humanas o de países. Servimos a los fieles del pacto de Cristo y perseguimos la proclamación y vivencia del Evangelio del Reino de Dios. Nuestra tarea es que la Palabra de Dios llegue a todos lados y sea practicada la comunión como lo hicieron nuestros primeros padres de la cristiandad, con sencillez de corazón.
No vemos el liderazgo de una congregación de forma jerárquica, lo vemos como quienes sobre velan por la misión que se nos encomendó a todos los creyentes en Las Escrituras (Mateo 28). No lo vemos como autoridad de poder. No lo vemos como ser padres de la congregación o como quienes la dominen. Cristo solamente es cabeza de su Iglesia (entre quienes estamos nosotros como congregación). El verdadero liderazgo proviene de servir, y la sujeción entre nosotros es la de sujeción mutua. No creemos que los lideres (ancianos y opiskopos) dominen a nadie o sometan a nadie. Solo servimos en enseñar y en guardar la visión dada por Cristo a toda Su iglesia. Es fundamental de nuestras creencias que la congregación cuida de sus ancianos haciendo lo mismo que ellos hacen por el resto de la congregación. La sujeción es mutua (Colosenses 3: 12-16).
Como parte de nuestra misión tenemos la responsabilidad de bendecir, colaborar, ayudar y servir a otras congregaciones, ministerios, sodalidades o iglesias (con “i” minúscula).
